lunes, 21 de febrero de 2011

Especial - ¿Qué pasó aquí?





Mucho se ha dicho alrededor de las liberaciones y creo que finalmente lo que queda es muy poco y redundante.  Pero a pesar de ello me arriesgo diciendo que, a pesar de no estar muy enterado de los sucesos, quisiera no encontrarme del lado de quienes critican el proceso por ser mediático, oportunista, costoso y todos esos calificativos que salieron de buena parte de los colombianos.  No, definitivamente no soy de esos y espero no serlo en un futuro.  Por otra parte, están esos para quienes la liberación fue un tema de actualidad,  felicidad, debate, o de simple interés político.  Tampoco estoy muy cerca de los últimos.


También, continuando con pasiones desenfrenadas, está la figura de la no menos polémica Piedad Córdoba, que tantas exaltaciones despierta a su alrededor, algo que de por sí debe llenarla de mucho orgullo: estar en el centro de las miradas, tanto de sus seguidores, como de sus detractores aquí, allá y pu'allá.

 
Pero por otro lado estoy yo y otros que podemos tener un punto de vista algo 'sui generis' al respecto.  Debo confesar que hace 5 años y con episodios esporádicos de fútbol, no veo la televisión colombiana  y me entero de las noticias en los periódicos e internet.  Muchas veces paso páginas, títulos, publicaciones extensas y me detengo en aquellas simples cosas como quien batió un nuevo récord guinnes, un ascenso de algún atleta colombiano en posiciones mundiales, un pintor que usa sus genitales para crear arte, una rebelión que causó el derrocamiento de un gobierno corrupto en el África musulmán y hasta un terremoto que sacude cualquier parte del mundo.  En cambio, hay noticas con cierto tinte Yidítico, Uribesco, Ariasático, o de cualquier tema con el que no me identifico a la hora de preferencias para dedicarle cinco minutos de lectura y diez de análisis.  Entre otras cosas, porque muchas veces leyendo el título ya se sabe qué va a decir el texto. 

Algo parecido me pasó con las liberaciones, al punto de no saber los nombres de quienes salieron de la selva; pero, aclaro que no por eso me siento infinitamente feliz, por su liberación.  Antepongo cualquier preferencia a una realidad: ninguna persona que no haya estado secuestrado 12 años no sabe lo que es la libertad, ni siquiera quien haya pasado 6 en un cárcel sabe lo que es todo aquel tiempo viendo sólo el verde de la naturaleza, que por más hermoso que pueda parecer, se convierte en la sombra de la destrucción humana en una muy elevada expresión.  Por eso, a pesar de no detenerme a escudriñar el mundo de las noticias de actualidad, no dejo de sentir un regocijo enorme que deja por fuera cualquier tinte oportunista, político, económico, jurídico y sólo me alegro porque nuevas personas disfruten de lo que, quienes pasamos todos los días en el 'corre-corre' de la rutina no apreciamos y damos por descontado que ahí está, y no merece la pena detenerse a meditar sobre ello.  


Por eso, y por toda la felicidad que me inunda cuando supe de los resultados de éste proceso, es que digo que afuera cualquier rencor al respecto, que una persona buena o mala, fea o bonita, santa o demonio que le recupera a quien sea su bien más preciado (no sólo la libertad sino el disfrute de su familia, el comerse un helado en cualquier esquina con su hija de brazos, el sentir el ruido que se generan en los trancones tras el desespero de los conductores y el ronquido de su esposa en las noches) no merece más que todas mis condolencias, pues ante todo, nunca quisiera estar secuestrado para saber qué es lo que se siente ser libre.


César A. Correa Martínez
Columnista invitado LA LUPA
cesarcorrea.m@gmail.com


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